Volver al espacio
Primero fue el Alfa (que no se despegó del cohete), lo siguió el Beta y finalmente el Charlie, que hoy está orbitando la Tierra, pero cuya vida útil termina en 2016. Se trata de las tres experiencias chilenas de satélites de observación, que esperan un reemplazo que logre mejorar su alcance y así captar imágenes de menos de un metro de distancia.
Por Jorge Poblete
Ilustración: Ignacio Schiefelbei
Tres, dos, uno, cero… ¡Ignición!
Eran las 23:03 del viernes 16 de diciembre de 2011 cuando el cohete ruso Soyuz despegó con un estruendo desde una plataforma ubicada en la Guayana Francesa. A bordo de la nave se encontraba un satélite de observación marca Astrium, de fabricación europea, en un viaje en nada inusual si se tratara de un nuevo satélite para Rusia, para Francia o para algún otro país europeo.
Pero no era así.
El cohete Soyuz iniciaba su travesía con el Fasat Charlie, un satélite construido para Chile por 72,5 millones de dólares y que venía a cumplir el anhelo nacional de posicionar al país entre los estados con presencia en el espacio. A las 02:29, el Fasat-Charlie se desconectó del Soyuz y entró en una órbita a 620 kilómetros de la Tierra, logrando, de paso, despejar la inquietud de los equipos técnicos, militares y políticos que tenían presente la fallida experiencia del Fasat-Alfa, en 1995. En esa ocasión, el satélite no logró desacoplarse del cohete y dejó temporalmente al país fuera de la “carrera espacial”. Sólo el lanzamiento exitoso del Fasat-Bravo, tres años más tarde, serviría como “revancha” de esa partida en falso.
Pero todo eso ya es historia.
Están por cumplirse cuatro años desde el despegue del Soyuz, un año menos que la vida útil programada para el Fasat-Charlie, lo que abre la pregunta sobre qué ocurrirá con la presencia chilena en el espacio y con las imágenes producidas por el satélite, las que son utilizadas tanto en el ámbito militar como en el civil. Por ejemplo, para el monitoreo de los efectos de desastres naturales.
La Fuerza Aérea de Chile (Fach) elaboró un proyecto para reemplazar esta tecnología –afirman fuentes ligadas a la iniciativa–, el que, a su vez, fue entregado al Estado Mayor Conjunto, que también lo habría despachado.
En otras palabras, ya se elaboró una propuesta técnica para el nuevo satélite, el que sería denominado, previsiblemente, Fasat-Delta. Una propuesta que está en manos del Ministerio de Defensa, el que deberá anunciar el momento y las condiciones en que se lanzará la licitación. O bien, dar a conocer si es que habrá postergaciones del plan, debido a otras prioridades presupuestarias.
Mientras en el Ministerio de Defensa toman una decisión, las compañías fabricantes de esta tecnología no han pasado por alto el próximo término de la vida útil del Fasat Charlie.
En las últimas semanas, emisarios de estas empresas se han ocupado en destacar las ventajas de sus productos a las autoridades –técnicas y políticas– de Chile. Tanto la empresa Israel Aerospace Industries (IAI) como la europea Astrium –fabricante del Fasat-Charlie– habrían manifestado su interés en participar de una eventual licitación, afirman fuentes del sector. Otros países que podrían estar también en el proceso son Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, China, Japón y Corea del Sur.
Después de todo, no se trata de un negocio despreciable. Si el Fasat-Charlie requirió de una inversión de 72,5 millones de dólares, se estima que el Fasat-Delta podría tener un valor superior a los 110 millones de dólares.
Carrera extraoficial
Sólo en estas últimas semanas, delegados de la compañía británica Surrey Satellite Technology han visitado el país, al igual que ejecutivos de la japonesa Itochu Corporation.
El jueves 7, el ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Andrés Gómez-Lobo, recibió al ministro de Estado de Asuntos Internos y Comunicaciones de Japón, Kosaburo Nishime, en el Centro Cultural Palacio La Moneda. El motivo: la inauguración del “Día de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información”.
Akihito Kunimatsu, jefe de proyectos de Itochu Corporation, estaba entre los representantes de marcas japonesas que llegaron al Centro Cultural. Ayudado de una traductora del japonés, el delegado de esta compañía explicó que “técnicamente hay posibilidades” de participar en una licitación por el Fasat-Delta. Chile y Japón tienen en común poseer una gran sismicidad, lo que los expone a desastres naturales captables desde el espacio, recalcó Kunimatsu.
El representante precisó que, en el caso de Japón, si bien cuentan con satélites de observación a cargo de la agencia meteorológica, para los desastres utilizaban, además, un satélite de comunicaciones.
Otro emisario que estuvo estos días en Santiago fue Ben Stern, de Surrey Satellite Technology, compañía nacida al alero de la Universidad de Surrey. “Para mí, el viaje fue más bien para averiguar cuáles serán los requerimientos” para el Fasat-Delta, dijo Stern.
“Estamos esperando, como todos los demás, qué resultará en los próximos meses. Lo interesante será ver qué requerimientos provendrán de las agencias civiles para la Fuerza Aérea”, dijo Stern, ya que éstos podrían incluir desde capacidades para captar imágenes de desastres naturales, hasta focos de pescas ilegales y fenómenos agrícolas.
Desde su punto de vista, si bien en estos mercados hay puntos que igualan a las compañías que ofrecen satélites, en el caso de Surrey “tenemos un control completo del diseño”, lo que, a su juicio, los pone en ventaja para ofrecer un satélite creado específicamente para las necesidades del país.
Ojo de águila
Un ojo de águila espacial, es decir, con la capacidad de observar figuras de menos de un metro de distancia desde el espacio, es uno de los principales requerimientos que se podría pedir a los oferentes del nuevo satélite. El Fasat-Charlie no cuenta con tecnología submétrica, sino que sólo puede distinguir claramente figuras de 1,45 metros en modo pancromático (blanco y negro) y de 5,8 metros en modo multiespectral (colores).
El cumplimiento de esta meta, y particularmente de los plazos estipulados para el reemplazo del satélite, son puntos que estarían en riesgo. El presidente de la Comisión de Defensa de la Cámara de Diputados, Jaime Pilowsky, planteó que “el actual satélite tiene su vida útil hasta aproximadamente 2017, por lo tanto, estamos en plazos ajustados para tomar una pronta decisión (…). Chile no puede quedar con desfase entre el nuevo satélite y el que está actualmente en uso”.
“La decisión que debe tomarse en esta materia debe cumplir con un objetivo dual de defensa nacional y de desarrollo científico, económico y de prevención de emergencias (…). El nuevo satélite debiera tener un alto estándar y poder generar imágenes submétricas”, recalcó.
Una opinión similar tiene el ingeniero civil Juan Fernando Acuña, quien lideró la desaparecida Agencia Chilena del Espacio, iniciativa creada para convertir a Chile en líder regional en esta área.
“El satélite termina su vida útil a fines de 2016, y son dos años los que demora el desarrollo del proyecto, más 36 meses de construcción. Todo esto debiera desarrollarse en forma paralela”, dijo Acuña. El problema de exceder este plazo es que “a los cinco años se termina la garantía y empieza un proceso de degradación”, aseguró.
La Nasa chilena que no fue
Hasta hace unos años, la única asociación de ideas que se hacía entre Chile y el espacio era Klaus von Storch Krüger, el oficial de la Fach que se preparó para ser el primer chileno en integrar la tripulación de un transbordador espacial y que, incluso, se creyó podría viajar hasta la Estación Espacial Internacional. Ninguna de esas alternativas se concretó y Von Storch –hoy de 53 años y ya en retiro– fue testigo del despegue de los Fasat desde tierra.
La Agencia Chilena del Espacio no tuvo un final mejor. En 2012 quedó sin presupuesto y se cerraron sus oficinas, situación que Juan Fernando Acuña vincula a la ausencia de certezas sobre qué ocurrirá con el Fasat-Delta.
“En Chile fuimos pioneros en el tema espacial cuando se creó la comisión asesora presidencial en 2001 y uno de sus objetivos principales era crear la institucionalidad, pero se quedó atrás”.
“Hoy no hay un estudio real del reemplazo del satélite. El Fasat-Charlie fue definido con características civiles por los civiles”, aseguró.
El ingeniero sostuvo que, “cuando se cambió la Agencia Espacial del Ministerio de Defensa al Ministerio de Economía, hubo un error en el tema del decreto y, al final no tenía presupuesto (para el año 2012). Entonces se cerró y volvió a Defensa”.
El resultado de esta situación es que, por ejemplo, “Perú está en un proceso de desarrollo espacial que partió después que Chile, pero va más acelerado. Están creando su institucionalidad, Perú ya compró un satélite (que se espera opere en 2017), con la misma empresa que lo hizo Chile, pero es submétrico y tendrá en tierra una estación que permitirá bajar imágenes de otros satélites, porque no todos tienen solución para todos los eventos”, enfatizó.
En el Ministerio de Defensa declinaron entregar una versión sobre qué ocurrirá con el proyecto Fasat- Delta, el proceso de licitación y la institucionalidad espacial en el país. Así dejaron abiertas interrogantes sobre la continuidad de la llegada de imágenes y, una vez más, la pregunta: ¿se cumplirá, alguna vez, el sueño de Klaus von Storch de ver un chileno en el espacio?
Adquisiciones en la región
El proceso de reemplazo del Fasat-Charlie en Chile se produce en momentos en que la empresa Astrium construye un satélite de observación para Perú y en que Bolivia refuerza también su institucionalidad espacial. “Bolivia tiene una agencia espacial, un satélite de comunicaciones funcionando y una preparación de masa crítica”, destaca Juan Fernando Acuña.
Paralelamente, Bolivia prepara un recambio de material bélico, el que fue anunciado en abril por el presidente Evo Morales. “Un tema que hemos descuidado es la renovación de nuestro material bélico. Estamos programando y vamos a avanzar en cómo renovarlo”, dijo el mandatario en esa oportunidad. •••
